martes, 8 de agosto de 2017

La pieza que encajó

Un vaso de tinto y una cerveza son lo único que adorna la mesa. Se miran mutuamente, conscientes de que hay mucho de lo que hablar. Ella levanta la vista a la espera mientras el sol baña su cara, sabe que lo que le tiene que contar no es fácil. Él la mira, sabiendo que esa bola aunque se haga más pequeña va a seguir ahí, aferrada a su interior para siempre... Quizás sí que tendría que haberla ido a buscar en su momento, pero por cosas del destino allí están sentados uno frente a otro, 6 meses después. 
  
Ella coge el vaso y da un ligero sorbo a su bebida a la vez que lo contempla con una sonrisa, infundiéndole valor. No habían quedado con ese propósito pero se conocen y ella con solo mirarlo ya sabía que algo no iba bien. Aún estando lejos, podía sentir como se encontraba... Existe eso que llaman conexión y ambos son conscientes de su presencia. Él saca el paquete de tabaco y encendiéndose un cigarro, toma aire y comienza a hablar. 

Desde la parte más superficial poco a poco se va adentrando en el tema, abriéndose como quizás tenia que haber hecho tiempo atrás. Gesticula con las manos, sacude la cabeza, se para, se corrige y vuelve a empezar. Ella le interrumpe en determinadas ocasiones para hacerle ver que le entiende y que siga. Cuando parece que no sabe como continuar, ella deja el vaso con apenas poco contenido y apoyando las manos en la mesa comienza a relatar lo que piensa que es el mejor resumen. 

Nuestra vida es como un rompecabezas. Cada pieza representa un pilar de nuestra vida tales como los amigos, la familia, los estudios o el trabajo... Y todos ellos son importantes. Sin embargo, hay un hueco en el centro que normalmente está oculto hasta que llega una persona y lo llena. Esa persona aparece en el momento menos esperado y te muestra que ese hueco está ahí y te sientes completo. 

El chico la mira y asiente, esa comparación es la que mejor podría definir toda la conversación; pero, sin interrumpirla, la deja que siga. 

El problema viene cuando esa persona se va y ese hueco se queda vacío. En un primer momento te quedas perdido porque sin quererlo, has ligado todas las piezas de una forma u otra a esa persona y sin ella te sientes solo. Podríamos decir que eres un barco que se guiaba por un faro que de repente se ha apagado. Te vuelves loco intentando rellenar ese hueco con miles de personas más y tienes una época de desfase... Hasta que descubres que no todas las piezas encajan en ese hueco. Posteriormente, intentas rellenar ese lugar con las piezas que ya tienes, pero esa forma no va a cambiar por mucho que lo intentes. Quizás, y solo quizás, la pieza que encajó no vuelva, pero puedes encontrar otra parecida que también encaje. Mientras tanto, ese hueco no puedes llenarlo...

Después de un rato se levantan y él la abraza, consciente de que era a ella a la que necesitaba en ese momento. Se miran y él comienza a hablar, sabe que ya ha empezado y quiere dejarlo todo dicho.

¿Sabes una cosa? Cuando volví te eché muchísimo de menos... Estaban aquí nuestros amigos, pero necesitaba a alguien que me entendiera y con quien poder llorar. Ya es tarde, ya esa bola está anclada dentro de mí y no va a salir, y yo ya no puedo derramar lágrimas por esto. He aprendido muchas cosas y sé que esto es una experiencia más. Su recuerdo siempre quedará en mí y me quedo únicamente con lo bueno. Y no me mires así, que sé que podía haber cogido un avión y plantarme allí contigo pero las circunstancias... 
 
Ella lo mira y asiente con la cabeza mientras él mirándola susurra Y tú que siempre que me hablabas me sacabas el tema... y yo te quería contar pero no es lo mismo una pantalla que en persona. 

La chica lo mira y dice su frase de siempre, esa a la que él está tan acostumbrado y que este año por fin descubrió que era cierta. Ella no es como los demás, está loca a su manera y, seamos sinceros... él también lo está. 



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